Etiqueta: Depresión

Familia

Consecuencias psicológicas del aborto temprano involuntario

Cómo se vive un aborto espontáneo temprano si miramos no solo el cuerpo, sino también el lenguaje, el vínculo y el contexto. Cómo nombramos el embarazo y cómo ese gesto configura, en parte, la forma de atravesar la pérdida. Las distintas trayectorias emocionales -duelo, culpa, aislamiento, ansiedad ante nuevas gestaciones- y en la huella que dejan los diferentes manejos clínicos. Conozcamos la dinámica de pareja y los ritmos desacompasados del duelo asincrónico. El objetivo es abrir un espacio de comprensión donde lo biológicamente frecuente no borre lo subjetivamente singular, y donde el acompañamiento integre lo físico, lo emocional y lo psicológico en un marco biopsicosocial

I. Psicología del discurso: De “estoy embarazada” a “voy a ser mamá”

II. Consecuencias psicológicas del aborto espontáneo en las primeras semanas

III. Vivencia psicológica del misoprostol y la expulsión natural

IV. Vivencia psicológica del legrado por aspiración

V. Duelo asincrónico

VI. Factores de mal pronóstico psicológico

Emociones

COVID-19: «Dejé de reaccionar desde el miedo»

Un testimonio del viaje que supone sobrevivir a esta pandemia de COVID-19 nos señala la importancia de los posicionamientos individuales

Me pasé toda la primera ola repitíéndome como un mantra «todo saldrá bien» y poco a poco fui entendiendo que estaba consumiendo y reproduciendo un mensaje que no era honesto, que no era acorde con mi sentir. Eso y el «saldremos mejores» me produjo una enorme frustración. Al final, estaba harta. 

A mi alrededor tenía que convivir con muchas actitudes que me parecían inconscientes, con descuidos, negligencias, incoherencias hacia el COVID, me irritaban de suma manera, ¿Tan difícil es ponerse correctamente una mascarilla? ¿Es necesario violar el toque de queda sólo por «pasarlo bien»?

Además de la pluralidad de comportamientos que vemos en nuestro entorno, hay una pluralidad de criterios científicos sobre el COVID (mascarilla sí, mascarilla no) que acaban creando confusión. Pareciera que los encargados de velar por la seguridad no tienen claro qué es seguro y veo demasiados golpes de efecto y de timón como para generar confianza. Al hartazgo por la situación se le sumaba ahora una desconfianza hacia las medidas y recursos planteados desde arriba.

Todo esto sin contar con la banda de los negacionistas. Yo entiendo que hay que convivir con ellos y respetar las opiniones divergentes, pero me cuesta horrores, porque lo único que oigo es una parida tras otra.  Se hace difícil actuar responsablemente porque ya no sabemos qué significa. Así que pareciera que cada uno hace su santa voluntad.

La miré en silencio. -¿Has decidido hacer algo al respecto?-. 

-Sí, dejar de reaccionar desde el miedo-. Había llegado su hora de elegir conscientemente cómo responder ante cada cifra y variante.

Es evidente que hoy la pandemia plantea un posicionamiento individual. Son muchos los que están cuestionando su vinculación con los medios de comunicación y las redes sociales, ante los fenómenos de sobre información, manipulación informativa y desinformación que perciben.

«Lamentablemente estar harta no es suficiente para que acabe esta vivencia»

Lamentablemente estar harta no es suficiente para que acabe esta vivencia. Cada vez queda más claro que las (re)soluciones simplistas no pueden considerarse viables y que el fin de la pandemia no depende únicamente de un elemento, así que, mientras tanto, nos toca convivir con este virus.

-Yo he llegado a pensar que, tarde o temprano, todos vamos a infectarnos. Así que me parece que es lógico que cada uno tome sus propias decisiones partiendo del hecho de que infectarse puede escapar de nuestro control.

Probablemente, esta no es la primera vez que debemos medir riesgos responsablemente y tomar decisiones sobre nuestra salud.

Mente

Depresión persistente: hundidos en la tristeza

Considerada un trastorno mental con alta incidencia poblacional, la distimia o depresión persistente durante más años, es una dolencia silenciosa. En muchos casos, quienes la padecen no son capaces ni de reconocer lo que les pasa ni de pedir ayuda

No me importaría si tuviera que morirme hoy mismo- dijo con total apatía. Era indiferente hacia su porvenir, en el sentido de que no guardaba esperanzas sobre su futuro. Todo daba bastante igual.

En los últimos meses, sólo quería dormir y comer. Había ganado peso porque ingería muchas más calorías de las que consumía y dormía muchísimo, pero mal.

Había días que estaba más irritable que apático y, entonces, todo lo crispaba, así que buscaba estar solo.

En los últimos dos años, su ánimo parecía haberse estancado en un limbo anhedónico, con escasas vivencias de placer. Podías, como decía aquella canción, contar con los dedos cuantas veces se había reído genuinamente en una semana y te valía una mano.

No parecía entender lo que vivía, el «viaje a ninguna parte» que transita alguien que padece una depresión persistente. Pero si se lo planteabas, sistemáticamente negaba o infravaloraba lo que le sucedía.

Lo había visto en otros casos, las variables podían oscilar -hay quien no come nada y duerme poco y mal-, pero el resultado era el mismo.

El caballo no tira, como en La historia interminable -o La historia sin fin-, se hunde en el pantano de la tristeza. La escena es desesperante y te llena de impotencia porque acaba inexorablemente en una desolación.

Algo similar ocurre con los seres queridos de alguien que padece distimia, se irritan y tiran de las riendas con fuerza, gritan y pelean contra la voluntad del otro y obtienen escasos o nulos resultados.

Tu capacidad de maniobra es escasa cuando se trata del otro, por mucho que lo quieras

La distimia o depresión persistente no es igual a la depresión mayor, no conlleva planes de suicidio. El otro ha acabado adaptándose a la tristeza en la que vive y se ha resignado a lo que considera invariable e inevitable, como Artax. Así que padecer una depresión persistente o convivir con quien la padece, es una odisea en la que hay que resignar que, si no se consigue ver la necesidad de salvarse y andar, seguirá hundiéndose en el lodo.

Es una lección dolorosa cuando se quiere a alguien: no se puede ayudar a quien no quiere ser ayudado. Pero al mismo tiempo es una lección importante para la vida, los límites del amor te recuerdan que que tu capacidad de maniobra es escasa cuando se trata del otro, por mucho que lo quieras.