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Violencia y maltrato en las parejas LGTB+

Te llama infinidad de veces y, cuando respondes, escuchas insultos; se violenta en la calle y te empuja; te amenaza permanentemente con dejar la relación; intenta humillarte públicamente con insultos homófobos; crea perfiles falsos en las apps. procurando rastrear tu actividad; utiliza información personal en contra de tus intereses… La violencia en las parejas LGTB+ permanece silenciada e invisible. No es violencia de género ni es violencia heterosexual y, por ende, no cuenta con un sólido respaldo institucional, mediático ni social  

Dentro del marco de la pareja: el infierno 

Una pareja violenta es aquella que incurre en actos de naturaleza física, verbal y psicoemocional que atentan contra tu integridad.  

Reaccionar a tiempo exige ver las primeras señales de violencia y maltrato, pero esto no es fácil. No todos los maltratadores dejan marcas en el cuerpo, por ello, conviene estar atentos a las actitudes. Especialmente cuando aparezcan actitudes paternalistas que minen tu independencia personal, económica, relacional y laboral.  Una vez detectadas tus necesidades, un perfil violento las incorporará como propias. De este modo te invalidará como administrador/a de tu vida e intentará «comprarte». 

No, no te mereces lo que te está pasando por más que no hayas podido impedirlo hasta hoy ¿Cómo quieres estar dentro de 6 meses?

Delegar tus necesidades puede ser un muy mal plan, especialmente cuando el perfil violento tenga pocos límites: no respeta tus tiempos, tus espacios ni tus elecciones. Cuando quiere algo, sólo le importa su deseo. Su comportamiento avasallador se sustenta en que cree saber lo que es bueno para ti e intenta «ayudarte». 

Una persona violenta casi siempre evidencia un escaso control de los impulsos. Ello no sólo incluye patadas y empujones, sino que se refleja en sus ataques de celos, de ira y cuando «monta escenas». Posteriormente, te responsabilizará y culpabilizará por cada una de estas situaciones.  

Intenta alejarte de tu grupo de apoyo y aislarte emocionalmente. Atentando, también, contra las personas significativas de tu vida, intentando forzarte a dejarlas o a que te dejen.  

Vulnera sistemáticamente tus derechos: invalida tus opiniones, te humilla, reenvía a terceros tus mensajes de audio para dañar tu imagen, te expone con fotografías no deseadas en las redes, revela intimidades sobre tu persona –tu orientación sexual, tu estado serológico, tu situación familiar, económica, etc.- a terceras partes.  

Tres componentes que agravan y prolongan la situación de maltrato  

Ante semejante panorama existen componentes que agravan y prolongan la situación de maltrato:

Tener expectativas que no se ajustan a la realidad: 

  • Esperar que sea tu pareja violenta sea quien reconozca su condición y «nos salve». 
  • Mantener la fe en soluciones mágicas: «cuando pase X, todo cambiará», permaneciendo más en contacto con las propias fantasías y proyectos de futuro, que con la realidad. 
  • Creer que no tienes derechos y que denunciar los episodios de violencia es «complicarlo todo».  Verte incapaz de reconocer tus necesidades de seguridad y protección. 

Justificar los actos violentos:  

  • Intentar hacer de psicólogo de tu pareja, creando una teoría del problema que explica lógicamente lo que ocurre. No importa cuán dura fue su infancia, eso no justifica lo que ocurre hoy. No toda persona maltratada es un maltratador.  
  • Considerar que, en una relación de personas del mismo género, las fuerzas son iguales y, por ende, no puede considerarse violencia de pareja.  Aún en parejas cuyos componentes parezcan muy similares, existen roles dispares. Una pareja controladora, manipuladora y asfixiante puede tener tu mismo peso y fuerza. 
  • Tener un pobre autoconcepto y una baja autoestima. No, no te mereces lo que te está pasando por más que no hayas podido impedirlo hasta hoy. ¿Cómo quieres estar dentro de 6 meses? ¿Acaso no vale la pena luchar por recuperar el control de tu vida?
  • La casa y los muebles: puede que consideres que hay amor, que queda pasión, que los ingredientes de tu relación son válidos, pero la casa, la relación como un todo, te está sepultando. Es hora de crear un nuevo hogar lejos de esa persona.  

El aislamiento social. La violencia puede ser más encarnizada contra personas que sólo tienen un puñado de conocidos donde habitan.  

Luz al final del túnel

Un antídoto puede ser tomar todas las medidas necesarias para impedir que continúe haciéndote daño: 

  • Recupera tu independencia. Haz acopio del «mejor sola/o que mal acompañada/o».  
  • Bloquea el acceso telemático a través del teléfono, las apps y el correo electrónico no deseado. 
  • No te enfangues: evita mantener contacto con su grupo social y familiar del maltratador. Nadie más que tú sabe lo que has pasado en esta relación. No aceptes juicios ni consejos de terceras partes, especialmente cuando no sean objetivos.  
  • No des más oportunidades para que te hagan daño. Traza una línea roja cuando creas que sea el momento y respétala. Tu integridad es lo que está en juego. 
  • Comprende lo paralizante que puede ser que sientas vergüenza ante lo que te está ocurriendo. A veces es difícil asumir que somos víctimas de maltrato por más que estemos sufriendo enormemente por ello.    
  • Denuncia. Utiliza todas las herramientas del entorno que dispongas para crear un cordón sanitario que frene su violencia sin hacer uso de la violencia misma.  No aceptes el acoso, la persecución, la coacción ni el chantaje.

Fuera del marco de la pareja: el desamparo 

Los casos de maltrato y violencia en las parejas LGTB+ encuentran escaso eco en el mundo exterior. A ello, hay que sumarle que algunas víctimas de maltrato se hallan inmersas en un entorno que facilita la perpetuidad de la situación. Los maltratadores pueden ser muy hábiles a la hora de manipular el entorno e incorporar portavoces, defensores y afines a sus actos violentos. 

Pero, lamentablemente, las instituciones también fallan y muchas veces no cumplen su función. No es de extrañar, existen asistentas sociales que recomiendan «tomar un café y dejar de actuar como niños» a las víctimas, médicos de guardia que comentan jocosos que «siempre les responden con un “me pegó un amigo”» y policías que preguntan «¿por qué no llega a un acuerdo amistoso (con quien acaba de atacarle sexualmente)?». Ello dificulta enormemente la situación de la víctima al no encontrar apoyos institucionales y psicosanitarios.  

Es recomendable contar con que la reacción social e institucional, fuera del marco de la pareja, no siempre estará a la altura de la vivencia y, aún así, luchar por vivir libre de la violencia de pareja. 

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Inquiriendo a la pareja abierta

Pensando y concibiendo con valentía los «nuevos modelos de pareja» podemos aprender muchos sobre nosotros mismos

Desde aquellos que idolatran este modelo de pareja pensando que es un «todo vale», hasta quienes lo denuestan y se niegan a considerarlo una «pareja verdadera», la pareja abierta parece despertar los más feroces prejuicios. Sin embargo, los ingredientes de una pareja abierta -pasión, intimidad y compromiso- no parecen diferir de los de las parejas cerradas.  

«¿Por qué prefiere una pareja abierta a una cerrada?» 

La pareja es cosa de dos, aun así, si no llegamos a un acuerdo sobre el «modelo de pareja» que queremos, tendremos un problema estructural. Normativamente, las parejas han de ser cerradas, lo cual implica que ambos integrantes se comprometen a disfrutar sexualmente de manera exclusiva el uno del otro, sin excepciones.  

Sin embargo, la exclusividad sexual puede ser una cláusula en la que no haya acuerdo. Cuando esto sucede, los clientes que llegan al consultorio suelen mostrarse abatidos, enojados o tristes, preguntándose por qué su par prefiere una pareja abierta a una cerrada. 

Sobrellevar esa decepción no es una obligación. Tal como mencionamos en este artículo, antes de aceptar un modelo de pareja debemos «valorar aquellas otras opciones disponibles para poder elegir libremente según los valores, deseos, necesidades, expectativas y sentimientos de cada uno». 

Sin embargo, si nuestro afán de comprender y analizar lo que vivimos nos lleva a hacer un esfuerzo intelectual, entonces, ¡adelante! En palabras de Sócrates, «una vida no examinada no merece ser vivida».  

La pareja abierta como una idea: de la libertad a la infidelidad 

Comprender de dónde nacen los modelos de pareja que queremos suele ser enriquecedor porque estos modelos explican la sociedad en la que vivimos, las influencias de las que bebemos y lo que queremos para nosotros mismos y para los demás.  

Muchas parejas abiertas tienen reglas y prioridades muy ordenadas y esquematizadas

Aunque un modelo de pareja específico puede ser multicausal, quienes quieran una pareja abierta y están pensándoselo, pueden encontrar sus razones buceando en su interior. ¿De dónde nació tu idea de pareja abierta? ¿De una experiencia previa de infidelidad? ¿De una perdida de fe en la pareja cerrada?  ¿Se originó de la necesidad de tener sexo con más gente? ¿de la incapacidad de relacionarte únicamente con una persona a nivel sexual o emocional? ¿Creció con el aburrimiento, al relacionarte únicamente con una pareja? ¿De la necesidad de experimentar «cosas nuevas»? Intentar comprender sin miedo a las apariencias ni al qué dirán puede ser muy liberador… 

Pero tan importante como el por qué, es comprender qué significado tiene este tipo de construcción de a dos. ¿Consideras que la pareja abierta implica más libertad?, ¿más infidelidad? ¿Vinculas las relaciones extramatrimoniales con la traición?, ¿con una exploración personal?, ¿con una necesidad incontenible? 

Comprender con qué bueyes aramos puede guiarnos para entender hacia dónde nos dirigimos y qué podemos construir en pareja. 

Ordenando prioridades en el día a día: prioridad uno, tu pareja   

Otro aspecto a revelar que puede tener valor terapéutico es descubrir qué elementos de nuestro modelo de pareja abierta lo hacen diferente de nuestra vida de soltera/o. Esa diferenciación nos permitirá comprobar la presencia de los componentes la teoría triangular del amor. Dilucidar si hay pasión, si hay intimidad -sexual y psicoafectiva- y si existe el compromiso por el bienestar del otro y de la pareja -planes de futuro incluidos-.  

En muchas parejas abiertas, las prioridades están claramente regladas. La otra persona, el par, es lo primero y la prioridad número uno. Esa priorización genera la confianza necesaria para construir una relación sólida. Creer que somos trascendentales en la vida emocional del otro, nos lleva, en muchos casos, a sentirnos irremplazables. Y cuando esa sensación se perpetúa en el tiempo, puede ser la mejor base sobre la cual alzar sueños y proyectos.  

Muchas parejas abiertas tienen reglas y prioridades muy ordenadas y esquematizadas. Ello contrasta con los prejuicios que vinculan a estas parejas con comportamientos libertinos y descontrolados.  

Algunas parejas cerradas “nominalmente” son, en los hechos, parejas abiertas 

Cuando se supone que estamos en la pareja cerrada y, sin embargo, estamos manteniendo relaciones sexuales y/o amorosas con otras personas, se produce una incongruencia que puede acabar en un conflicto irresoluble, una situación sin solución de continuidad. De ahí la importancia de comunicarnos en pareja de una manera efectiva y relacionarnos con coherencia con las etiquetas y compromisos adquiridos. 

Descubrir que la pareja abierta puede ser una forma honesta de relacionarse se opone a la visión de la pareja embaucadora y aprovechada, que tiene atrapada/o a su conyugue en una mentira.  

Definiendo cómo, dónde, cuándo, cuánto y con quién  

“Pareja abierta” es una de esas etiquetas que parecen definir un todo, pero, bajo su rótulo, existen muchas variables y posibilidades, algunas posibilidades pueden ser diametralmente opuestas entre sí. Por ejemplo: 

¿Cómo tenemos sexo? ¿Únicamente en pareja juntos y no es posible tener sexo por separado? ¿Nunca tenemos sexo dentro de la pareja con otra persona y “cada uno va por su lado”? ¿Siempre con precauciones o hay excepciones? ¿Sólo cuándo estemos sobrios o sólo cuándo estamos de marcha?  ¿Definimos cómo tenemos sexo o preferimos que cada uno utilice su propio criterio? 

¿Dónde tenemos sexo fuera de la pareja? ¿Está prohibido traer a alguien a casa para enrollarnos o solo está prohibido meterse con alguien en la cama matrimonial? Cuando quieres quedar y no tienes sitio, ¿puedes usar el coche o el estudio? ¿Podemos ir a hoteles o a domicilios particulares?  

¿Cuándo quedamos con terceras personas? ¿Sólo puedes quedar cuando no quedas con tu pareja o sólo cuando está tu pareja? ¿Sólo puedes quedar exclusivamente los fines de semana cuando estás solo, sin niños ni obligaciones, o los días de semana después de trabajar?  

¿Cuánto te involucras? ¿Únicamente quedas fugazmente una vez (touch and go) o puedes quedarte a dormir (one night stand)? ¿Sólo puedes ver esa persona una única vez o puedes volver a quedar (repetir)? ¿El reencuentro puede ser una o dos veces al mes o varias por semana? ¿Qué pasa si te gusta mucho? ¿Cómo lo gestionarás? ¿Es necesario tener un plan de evacuación en caso de que te enamores? 

¿Con quién puedes quedar? ¿Solamente puedes quedar con desconocidos o con una única persona que ya conoces muy bien? ¿Únicamente puedes quedar con gente externa a de tu círculo social o geográfico? ¿Importa quién sea o de dónde? ¿Sólo accedes a quedar si es sexo de pago o si no pagas ni cobras? ¿Diferencias entre pareja abierta y el poliamor

Son muchas normas a definir y aun cuando no querremos crear una normativa estricta de funcionamiento es probable que sea conveniente, al menos, tener consciencia qué cosas son importantes preservar y de cuáles podemos prescindir. 

Común a todos los modelos: ganancias y pérdidas 

La pareja cerrada sirve como aislamiento emocional y sanitario y nos permite construir un muro defensivo contra muchas infecciones de transmisión sexual. Además, nos aporta una estabilidad ante los competidores y los potenciales seductores de nuestro entorno. Sin embargo, esto solamente es así cuando, además de ser una pareja cerrada sin excepciones, nos acompañamos de una gestión emocional plenamente funcional y sin fisuras. 

Lógicamente, la perfección no existe y el éxito en la pareja no está asegurado en ninguno de los modelos. En España, seis de cada diez matrimonios acaban en divorcio y la duración media de los matrimonios no supera los 17 años. La realidad parece indicarnos que los modelos de pareja están cambiando. La irrupción de otros modelos de pareja puede relacionarse con un intento real de las parejas de sobrevivir. 

Si consideramos a la pareja abierta como un “nuevo modelo”, conviene entonces indagar en qué aspectos la pareja abierta construye algo diferente con respecto a las «parejas cerradas convencionales». ¿Crees que la única diferencia entre ambas recae en la exclusividad sexual? 

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Performers y fans: riesgos en relaciones virtuales de pago

Las redes sociales viven con éxito la era COVID en la cual cualquier contacto físico es de riesgo. Entre ellas, Onlyfans y Justfor.fans se coronan como escaparates de la pornografía de pago. Desde la psicología, las dinámicas que desenvuelven performers y seguidores plantean nuevos dilemas y controversias.  

Relaciones virtuales: exposición, implicación y compromiso 

A finales del siglo XX se popularizaron los salones de chats y con ellos nacieron una nueva generación de relaciones virtuales, con una comunicación mucho más instantánea que la que ofrecía el correo.  Hoy, a esa innovación, le podemos sumar la imagen y el sonido en tiempo real, lo cual genera una vinculación más fuerte con el otro.  

Algunas/os modelos de Onlyfans aseguran tener «maridos» en línea. Son, en realidad, clientes a los que se les otorga este tipo de «etiqueta». Las consecuencias que les puede acarrear ser denominados y tratados como supuestos «maridos» o «novios» dependerá de la situación personal y la claridad mental con la que se afronte esta relación. Lógicamente que, mientras benefician económicamente a los performers, pueden resultar sumamente dañinas para los clientes. Pero también puedes tener consecuencias nefastas e inesperadas para ambas partes.

Estas parejas virtuales desvirtúan lo que es una pareja en la realidad. Es evidente que los performers pretenden confundir al seguidor con la finalidad de lucrarse. No es lo mismo tener una relación comercial que una relación amorosa. En una relación comercial, el compromiso y la implicación se mantienen sólo mientras haya dinero de por medio. 

Sin compromiso personal ni implicación amorosa por ambas partes, las relaciones comerciales pueden representar un peligro por las emociones que evocan. Sobre todo, teniendo en cuenta que, tanto para todos los performers como para sus clientes, el nivel de exposición que ofrecen estos medios puede resultar abrumador. Paradójicamente, a nivel relacional, la intimidad ofertada es realmente escasa. Ello puede explicarse porque no es lo mismo sentirse muy expuesto a haber intimado con alguien. En la intimidad, la construcción es mutua, estrecha y genera una confianza de a dos, basada en la honestidad.  

En lugar de ello, las redes sociales ofrecen sucedáneos a la implicación, como el sexo personalizado o a la carta. A veces, los performers preguntan en encuestas, como las que lanzan en Twitter, qué actividad sexual llevar a cabo en la próxima interpretación. Otras, se introducen vibradores que se activan cuando reciben una propina. 

Para un trabajador sexual virtual, acceder a la solicitud de un cliente no evidencia un compromiso personal ni significa intimar con el otro. Es una performance más. Pero ¿qué ocurre cuando un seguidor no lo vive ni lo ve así? El mayor riesgo es que ese nivel de interacción impida a alguna de las partes distinguir entre la realidad y la virtualidad.  

Ceder el control: Reeflay Panini 

Cuando una pareja de performers, como los youtubers, acceden a una propuesta de un seguidor se puede producir una difusión de la responsabilidad. El ruso Reeflay Panini ha aparecido en los medios esta semana por haber aceptado mil dólares a cambio de dejar a su novia en ropa interior encerrada en exterior de su vivienda. Cuando pasaron las horas y finalmente abrió la puerta del balcón sólo pudo recuperar sus restos. El frío la había matado.  

Ceder el control y acceder a toda petición puede tener efectos devastadores

Los daños colaterales de la difusión de la responsabilidad es que Reeflay «sólo hacía lo que le pedían por un imperativo económico» y quien lanzó la propuesta tampoco es «responsable» de esa muerte. En la difusión de la responsabilidad pareciera que todos son inimputables pero en la realidad y según la legalidad vigente, las cosas no son así.  

Si hablamos de «parejas» virtuales, debemos reconocer que la impunidad y el abuso no sólo señala a los performers. Un hombre se arruina económicamente pagando propinas en Onlyfans porque está obsesionado con una modelo y luego inicia un acoso geográfico diario, persiguiéndola desde su domicilio privado. Dado que las parejas virtuales de performers y fans no se plantean límites, no es infrecuente que ocurran excesos y situaciones caóticas de ambos lados.

En definitiva, lo virtual trascendiendo lo real puede representar un enorme riesgo. Creer que uno tiene una relación real con un performer, desde luego, no es gratuito y tiene consecuencias a corto y largo plazo.

Las parejas virtuales de performers y seguidores no suelen tener claras estas distinciones y muchas veces creen que, amparadas en la distancia, no es necesario marcar ningún límite a su accionar. Sin embargo, ceder el control al otro y acceder a toda petición puede tener efectos devastadores.  

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10 puntos después de una ruptura

Habíamos sobrevolado la ruptura en Mi pareja me produce rechazo, pero ahora nos adentramos en su territorio. Si has llegado hasta aquí porque estás atravesando una ruptura dolorosa, tal vez esto pueda ayudarte a meditar sobre cómo (sobre)vivir dignamente durante las semanas venideras. Enumeraremos en cuatro puntos clave a considerar en una ruptura de pareja.

1. Acéptalo. Permite que ocurra. Vive el duelo.

2. Date tiempo. El tiempo todo lo cura -o lo maquilla y cubre de olvido-. No busques hoy la solución mágica.

3. Reorganiza tus prioridades sabiamente. Una ruptura también es un retorno a ti misma/o después de estar un tiempo íntimamente vinculada/o a otra persona. Ahora lo importante vuelves a ser tú y tu vida.

4. Cultiva tu integridad personal. Social, laboral, emocionalmente, aún espiritualmente. Cuidarte y ver a tu vida como un todo, más allá de los finales, las metas y los logros. A través de momentos dolorosos y alegres, da un paso atrás y mira el amplio horizonte de lo que eres.

Y si lo necesitas, unos puntos más sobre las reacciones a la ruptura:

5. Entiende tus impulsos de remediar o repartir culpas. Es normal querer reparar lo que se rompió, pero hacen falta dos para reparar una relación. Uno es un número insuficiente. No te esfuerces en comprender el por qué. A veces el esfuerzo de comprender se relaciona con la negación. Perdónate, pon un punto final a la hora de repartir culpas.

6. Ahórrate el castigo o la venganza. No es necesario desangrarse y autodestruirse. Si quedan áreas que puedas preservar de este final, procura que sigan funcionando sanamente. Perder una pareja no significa perder el empleo, los amigos, la familia… No tiene por qué ser un tsunami que fortalezca tu capacidad autodestructiva. Procura ponerle límites a esa ira. Tampoco quieras administrar justicia. Independientemente de lo que haya ocurrido, un ruptura no tiene porque enfatizarse como un ultraje a tu honor y a tu confianza. En el juego del amor, a veces se pierde. ¿Qué es lo que hay que vengar?

7. Esquiva generalizaciones. Antes de decir: «soy un perdedor», «siempre acabo llorando», «nunca más», intenta no extender una experiencia a todas las áreas de tu existencia. Si lo vives como una pérdida, eso no te hace un perdedor. Ante un hecho puntual, sumar tragedias y encadenarlas ampliará la repercusión dramática de esta vivencia.

8. Si piensas en reemplazar al otro: «un clavo saca otro clavo». La frase tiene sentido si quieres vivir «clavada/o» a una relación. El riesgo es que instrumentalices a tus parejas como muletas para nunca andar sola/o. Una pausa también merece ser una opción a tener en cuenta.

9. Presta atención a tus defensas: del podio al infierno. Idealizar a un ser ausente es entendible, pero no facilita el «pasar página». Un antídoto para esos momentos de idolatría puede ser enumerar las cosas que no te gustaban de la otra persona y otra lista de cosas que no funcionaban bien en la relación. En el otro extremo, una defensa habitual es ver a la otra persona como un monstruo y denigrarla. Tenlo presente cuando uses ambos mecanismos defensivos.

10. Evita imposiciones, inclusive las que extraigas de este texto. Vívelo de la mejor manera posible, pero siempre siendo fiel a tus valores y sin obligarte a nada. No te impongas «aprender de esto». No procures «rentabillizar la pérdida», No todo es un examen de la vida y ni podrás aprender de cada experiencia. No te esfuerces en «sacar algo de esto». Respira.

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Mi pareja me produce rechazo

Aunque es habitual que el deseo sexual mengüe en parejas de larga duración, el rechazo es un componente totalmente distinto. Su carácter reactivo remite a una sensación de desagrado que, aunque pueda maquillarse, nos señala algo que muchas veces preferimos no decirnos

Rechazar a tu pareja es una situación dramática y, en algún punto, extrema. En teoría, la pareja es la persona más próxima y sentir el impulso de alejarla -o alejarte- atenta contra la estabilidad del vínculo. Sin embargo, la sensación rechazo puede ser temporal. Es importante distinguir si lo que te causa rechazo es el contacto físico o la mera presencia del otro y conocer sí esto ya te había ocurrido con anterioridad.

Otra pregunta es cómo llegaste hasta aquí, es decir, qué cambió. Para ello, conviene analizar tres esferas estrechamente vinculadas: tu pareja, la relación y tú. A veces, el rechazo es la consecuencia de un enojo o una decepción puntual. Bajo esta coyuntura, conviene focalizarse en estas otras emociones.

Cuando la existencia del otro en nuestra vida se transforma en un bien devaluado, a veces sobreviene el rechazo como una reacción incompatible con una convivencia pacífica y armónica

A partir de aquí, cada persona es un mundo, pero vamos a intentar simplificar algunas de las opciones convencionales disponibles para los casos en los que el rechazo es el eje del problema. Lo que queremos saber es qué puede hacerse. Nosotros te ofrecemos tres opciones continuistas y la cuarta, evidentemente, pasa por la ruptura. Muchas veces no hay una solución fácil y todas pueden acarrear un nivel de estrés emocional importante.

Cuando la existencia del otro en nuestra vida se transforma en un bien devaluado, a veces sobreviene el rechazo como una reacción incompatible con una convivencia pacífica y armónica ¿Cómo salir del atolladero?

El rol vacío

Continuar o, más bien, ir tirando: el rol vacío. Esta opción es digna de aquellas personas que eligen no elegir. No decidir es una estrategia respetable, especialmente cuando no podamos ser resolutivos. En estos casos, generalmente no se comunica abiertamente al otro la sensación de rechazo o, si se hace, luego no se actúa en consecuencia.

Darle continuidad a ser pareja sin serlo tiene beneficios, especialmente orientados de cara a los demás. Así, hijos, parientes, amigos y colegas todos siguen viendo un mismo status quo: en pareja. Sin embargo, también puede tener consecuencias nefastas: el deterioro psicológico, emocional y relacional en la convivencia.

Amor sociable

La trabajosa opción de continuar con la pareja pero planteando restructuraciones hacia nuevas formas de amor. Según la teoría triangular del amor, que también hemos mencionado en este artículo, existe un amor sin pasión, en el que mantener la intimidad y el compromiso; es un «amor sociable», un cariño sin deseo sexual ni físico. Pero para llegar a este punto, hay que mantener la comunicación viva y ser capaces de afrontar la situación honestamente. La dificultad de abrazar esta solución radica en que aquí no hablamos únicamente del fin de la pasión o del sexo, sino de rechazo.

Continuar como amigos

Continuar como amigos. Es todo un clásico adolescente, ¿verdad? La transición de una pareja a una amistad es un camino en el que puede haber muchos desencuentros y decepciones. Especialmente si el rechazo no es mutuo y tu pareja sigue guardando deseos sexuales sobre ti. Hay que admitir que una amistad no se construye únicamente por descarte. Las emociones positivas y las cosas en común que constituyen la base para alzar una amistad, no siempre están presentes entre los restos que quedan de una pareja.

Romper

«Romper», una sola palabra y una acción tan compleja. El apego es el principal obstáculo para romper una pareja. El apego es la fortaleza del vínculo emocional, familiar, material… las múltiples maneras de estar unidos que dificultan -y hasta imposibilitan- la ruptura. En los casos en los cuales existe rechazo y apego por la pareja, esta ambivalencia suele ser corrosiva. Entre el «quiero y no quiero», el tiempo puede pasar y la pareja pervive sin pasión pero con otros motores y otros motivos. Si rompemos nos liberamos del rechazo pero pasamos a un nuevo estatus, «divorciados» antes que «solteros».

Hasta aquí hemos estado hablando del rechazo a tu pareja centrados en la relación, pero es hora de entender que tú también puedes querer vivir sin esta sensación o volver a desear a alguien. Así que lo siguiente a considerar es: ¿tú qué quieres?

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Negando la infidelidad

Negar haber mantenido una relación sexual fuera de la pareja puede ser más que una estrategia consciente

Según la teoría triangular del amor, el compromiso es uno de los pilares de la pareja estable. Pero el compromiso no siempre es sinónimo de exclusividad sexual. Hay parejas muy comprometidas y sexualmente abiertas, de común acuerdo; todo depende de que se haya negociado previamente.

Muchas parejas constituidas no han hablado de la exclusividad sexual, la consideran parte de la fidelidad y sobreentienden que formar una pareja implica no mantener relaciones sexuales con terceras personas. Estos acuerdos no verbales pueden acarrear más de un dolor de cabeza.

Hablemos, saber que nuestra pareja ha mantenido relaciones sexuales con otra persona puede ser doloroso, sobre todo cuando la experiencia incide en la confianza que sentimos por el otro.

Peor aún, cuando decidimos enfrentar la situación y todo lo que obtenemos a cambio es “no pasó nada”, “no es lo que tú piensas”, además de encontrarnos ante lo que consideramos una infidelidad… descubrimos que la niega.

Resulta habitual que la parte que se siente engañada escuche con indignación semejante negación.

Y también es frecuente que explote en violencia y se produzca una exposición del material que lo prueba, un escrache, un enfrentamiento.

Aún cuando la lógica del engañado/a le dice que le han mentido, que le han estado tomando el pelo y le apremia a iniciar una campaña de acoso y derribo o a terminar ipso facto con la pareja, hay algunas otras posibilidades a tener en cuenta.

Valorando otras posibilidades

Podemos comenzar preguntándonos a quién es la parte engañada.

El enfrentamiento (…) aún cuando resuelve la situación, no siempre la soluciona

Muchas veces, en un marco psicoterapéutico descubrimos que una persona niega un hecho aún después de comentarlo. En otras ocasiones, lo admite pero sólo si le resta importancia. El elemento común, en estos casos, es la imposibilidad de tomar plena consciencia de lo que ocurre.

Egodistónico, aquello que entra en contradicción con sus propios valores no puede ser incorporado al marco experiencial. Todo ello con independencia de cuantas veces pudo repetirse ese mismo acontecimiento.

Cuando la experiencia no se integra en la consciencia muchas veces la mente sostiene que no ocurre. Algo similar ocurre a efectos prácticos cuando no se consigue poner en palabras la experiencia vivida.

Desde la negación -“nunca estuve con esa persona”- hasta la infrovaloración de la experiencia -“no tiene ninguna importancia para mí”- hay varias formas de no aceptar lo vivido.

En estos casos, el enfrentamiento con la evidencia que demuestra que la infidelidad existió resulta una opción genuinamente violenta. Por eso vale la pena tener en cuenta que, aún cuando resuelve la situación, no siempre la soluciona. Por ello conviene valorar aquellas otras opciones disponibles para poder elegir libremente según los valores, deseos, necesidades, expectativas y sentimientos de cada uno.

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