Categoría: Cuerpo

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Química y musculación

El ideal corporal masculino contemporáneo ha evolucionado hacia un modelo hipermusculado, bajo en grasa y asociado a valores de disciplina, control y éxito personal. Este ideal, amplificado por redes sociales y la cultura del fitness, ha contribuido a la normalización del uso no médico de sustancias destinadas a acelerar la hipertrofia muscular y mejorar el rendimiento físico.

Aunque el impacto físico de los esteroides anabólicos androgénicos (EAA) ha sido ampliamente estudiado, los efectos psicológicos, cognitivos y relacionales han recibido menor atención en la divulgación general, pese a su elevada relevancia clínica. Este fenómeno afecta a una proporción significativa de la población joven, impulsado y normalizado por un ecosistema digital que mercantiliza el cuerpo y promete resultados rápidos

I. Del entrenamiento al proyecto identitario

II. Sustancias utilizadas y contexto de uso

III. Factores físicos

IV. Factores emocionales

V. Factores cognitivos

VI. Factores relacionales

VII. Abordaje terapéutico

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Terrores nocturnos en adultos

Los terrores nocturnos, generalmente asociados con la infancia, plantean desafíos clínicos específicos cuando ocurren en la edad adulta. Los terrores nocturnos son episodios de miedo intenso durante el sueño profundo que pueden afectar desde la calidad del descanso hasta la vida en pareja. Muchas veces son la expresión de conflictos emocionales, vulnerabilidades psicológicas o contextos sociales desestabilizadores. Conozcamos sus componentes fisiológicos, emocionales, psicológicos y sociales, así como de los recursos terapéuticos disponibles

¿Qué ocurre durante un terror nocturno?

Componentes fisiológicos

Componentes emocionales y psicológicos

Componentes sociales

Recursos terapéuticos

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Cuerpos bajo presión: juventud, belleza y salud

La preocupación apariencia física no es solo una preferencia personal, sino una exigencia social profundamente arraigada. Se impone la idea de que el cuerpo no solo debe ser funcional, sino también ajustarse a estándares de juventud, delgadez, belleza y salud. Una presión que determina la aceptación y el reconocimiento social. Quienes que no cumplen con estos estándares suelen enfrentarse a la exclusión y al juicio público, lo que convierte la relación con el propio cuerpo en una fuente de ansiedad y padecimiento

Éxito, juventud, belleza y salud: el cuerpo como pasaporte moral

En mujeres: delgadez, lozanía y la vigilancia continua

En hombres: musculatura, virilidad y ocultamiento emocional

En la comunidad LGTB+: cuerpos normativos y exclusión interna

En jóvenes: el cuerpo como identidad y capital social

El cuerpo problematizado, el lugar donde empieza la reparación

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Beneficios y riesgos del Yoga

El yoga, cuando se practica con conciencia y respeto por sus raíces, puede ser una herramienta poderosa para el bienestar físico, mental y espiritual. Son muchos sus beneficios sobre el organismo y se presentan en múltiples niveles. Sin embargo, los riesgos físicos, filosóficos, psicológicos, sociales y culturales son reales y deben ser tomados en cuenta

Sus múltiples beneficios a distintos niveles

Riesgos de la práctica de Yoga

Riesgos filosóficos y psicológicos

Riesgos físicos

Riesgos sociales y culturales

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La importancia del descanso para tu salud mental

El descanso es un componente fundamental para la salud mental y el bienestar psicológico, y no debería ser considerado como una recompensa que se obtiene después de cumplir con las responsabilidades diarias. En cambio, es una necesidad biológica y psicológica, esencial para el funcionamiento cognitivo, la regulación emocional y la salud física. A pesar de ello, en muchas culturas modernas se promueve una narrativa de productividad constante, donde el agotamiento es visto como un signo de compromiso o éxito. Este paradigma no solo es insostenible, sino que contradice décadas de investigación en neurociencia, psicología y medicina

El descanso como necesidad biológica

Efectos psicológicos y emocionales del descanso

El descanso como facilitador de la creatividad y la resolución de problemas

El concepto de descanso a menudo queda eclipsado por la glorificación de la actividad constante como sinónimo de plenitud

El mito de la disponibilidad continua y el autocuidado profesional

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Reflexiones sobre la vejez

La vejez, un espejo de la pubertad, nos invita a un viaje de transformaciones físicas y emocionales bajo la guía de la autoconsciencia. En este camino, el amor propio y la aceptación con los que enfrentemos los cambios inevitables, nos permitirán prescindir de los imperativos y los estándares de belleza. Es crucial cultivar una visión positiva de la vejez, una etapa llena de oportunidades y desafíos, para vivir nuestros años dorados con serenidad y aceptación

A menudo, la vejez es vista como una etapa de declive, cuya aproximación puede asustar e inquietar profundamente, hasta el punto de creer que no disponemos de herramientas para enfrentarla. Sin embargo, si realizáramos un ejercicio de memoria, reconoceríamos el proceso de envejecer por su similitud con el tránsito por la adolescencia, especialmente la pubertad. Vejez y pubertad están marcadas por cambios físicos significativos y una incertidumbre considerable.

Anticipación y previsión de la vejez 

A medida que avanzamos en la vida, tendemos a dedicar más esfuerzos intelectuales a anticipar lo que ocurrirá en la vejez. De esta manera, nos proyectamos temporalmente, alejándonos del aquí y del ahora, alimentando nuestras fantasías, sedientos de certezas. Al igual que en la pubertad, nos enfrentamos a cambios físicos, como la menopausia o la impotencia, pero, afortunadamente, y a diferencia de entonces, este proceso es más gradual y somos más conscientes de lo que está sucediendo. Nuestra autoconsciencia es una ventaja clave porque nos permite entender nuestras cogniciones y reacciones emocionales, siendo capaces de reformular lo que pensamos. Gracias a la autoconsciencia, podemos prepararnos para envejecer sin caer en la ansiedad anticipatoria.

Aceptación y adaptación a los cambios físicos

La aceptación de los cambios físicos es un proceso fundamental en el desarrollo personal. A medida que avanzamos hacia la adultez plena, tanto el cuerpo como la mente experimentan transformaciones; incluso puede variar la energía que proyectamos.

Al igual que en la pubertad, cuando las preocupaciones oscilaban entre cuán altos seríamos, qué nariz tendríamos o el tamaño de nuestras partes corporales, el cuerpo puede volver a ser objeto constante de nuestra mirada.

Durante la adolescencia, disponemos de tiempo para aprender a aceptar y superar las resistencias a los cambios. Este aprendizaje es crucial, y el paralelismo con la etapa adulta resulta válido.

El cuerpo puede volver a ser objeto constante de nuestra mirada

Sin embargo, la capacidad de aceptar los cambios físicos como la alopecia y las arrugas puede ser muy limitada, especialmente debido a la influencia negativa del entorno social, incluyendo los medios de comunicación y las redes sociales, que añaden una presión innecesaria.

Intentar prevenir los signos de envejecimiento recurriendo a la cosmética o la cirugía puede interpretarse como un acto de autocuidado. No obstante, debemos profundizar en nuestro análisis: si este comportamiento esconde sentimientos de vergüenza y rechazo hacia nuestra apariencia, nuestra autoestima puede verse seriamente afectada.

Es esencial abordar estos cambios con una actitud de autoaceptación y comprensión, para mantener una salud mental equilibrada y una percepción positiva de nosotros mismos.

Manejo de la angustia por envejecer

La mirada de los otros nos produce vergüenza y nos acercamos al espejo con una mezcla de miedo, incertidumbre y preocupación. Algunas situaciones sociales nos generan angustia y podemos llegar a huir desesperados, todo lo cual nos hace tender al aislamiento.

Lo que es realmente preocupante es que nuestra incapacidad para aceptar estos cambios pueda llevarnos a vivir los signos de la vejez con verdadero padecimiento. Esto nos genera sentimientos de tristeza, apatía y conductas evitativas, un cuadro similar al que experimentan muchos adolescentes. En aquel momento, el duelo por la niñez oscurecía algunos días -o varios años-. Hoy, el duelo por nuestra adultez puede hacer que la aproximación a la tercera edad se viva como una condena. ¿A qué edad podemos decir que empezamos nuestra tercera edad? ¿Es «viejo» un adjetivo vetado en nuestro vocabulario? ¿Nos consideramos jóvenes por siempre? Nuestra capacidad de aceptar, afrontar y comprender estos procesos puede ayudarnos a mitigar estos sentimientos de vergüenza y rechazo, y a limitar el ascenso de la ansiedad. Es esencial promover una perspectiva positiva sobre el envejecimiento, reconociendo las oportunidades que esta etapa de la vida puede ofrecer, sin ignorar los desafíos que también puede presentar. Hagamos posible vivir nuestra vejez con más tranquilidad.

Las etapas de la vida son distintas. Sin embargo, al igual que la adolescencia, la vejez también nos interpela e insta a construirnos y reformarnos. Nos invita a aceptarnos y acompañarnos en un camino de vital importancia.

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Cómo reaccionar si alguien tiene un ataque de asma

A nuestro lado, una persona presenta “pitidos”, tos, una respiración agitada y un nivel evidente de afectación. Aunque los síntomas, niveles y desencadenantes del ataque de asma pueden variar, exponen públicamente a quienes padecen esta enfermedad respiratoria. ¿Qué hacer y qué evitar cuando somos testigos de un ataque de asma?

Reacciones emocionales 

Los desencadenantes del asma no tienen por qué ser psicológicos o emocionales. El asma puede aparecer como reacción de las vías respiratorias a la presencia de ciertos agentes externos. Por ello, evitemos responsabilizar al asmático de su situación o cuestionar la naturaleza de su ataque de asma.   

A pesar de ello, el peso de nuestra reacción emocional resulta trascendente para el asmático, porque la angustia que suele acompañar a un ataque puede incrementarse gracias a nuestra reacción. Es importante, entonces, no agobiar al otro con nuestra preocupación. En ese autocontrol hay algo estratégico, dado que, si no reaccionamos emocionalmente, no “confirmaremos” que lo que le ocurre es severo y no correremos el riesgo de aumentar esa angustia.  

Estar frente a una persona que tiene un ataque de asma puede resultar una experiencia desconcertante. Especialmente cuando no tenemos suficientes conocimientos médicos para afrontar la situación con solvencia. En el caso que abordamos hoy, en el que hablamos del asma en adultos independientes y con experiencia en la materia, la mejor opción atenta contra nuestra intuición. A pesar de todos los síntomas alarmantes que percibimos en el asmático, dejemos que sea quien padece el ataque, quien tenga el control de la situación. 

Reacciones verbales  

Exclamaciones sobre los síntomas -“¡Uy, no puedes respirar!”- o sobre el estado general -“¡Qué mal estás!”- son reacciones frecuentes, sobre todo cuando, el ataque de asma de su acompañante los pilla desprevenidos. Sin embargo, este tipo de verbalizaciones pueden incidir negativamente en la gestión y percepción que los asmáticos tienen de su situación. Por ello, resulta conviene evitarlas.  

Una persona que está teniendo un ataque de asma no debe preocuparse por nosotros ni explicarnos lo que le sucede, debe encargarse únicamente de su propia persona. No conviene transformarnos en una carga ni que ellos se preocupen por nosotros. Comprendamos que no es el momento de hacer demasiadas preguntas. A la mayoría de los asmáticos les cuesta hablar en esa situación. La mejor opción es dar tiempo y espacio hasta que el ataque pase.  

Plan de acción 

¿Qué hacer en un momento así? Organizar las responsabilidades es una buena opción porque no somos nosotros los que debemos “hacer algo”. Es quien tiene asma quien debe hacerlo y seguramente ya sabe cómo actuar. Esto es muy importante, porque en la desesperación del momento, los testigos pueden intentar ejecutar sobre la persona asmática varias acciones que pueden incordiarla. Recordemos que la una situación es, ya de por sí, suficientemente incómoda aún sin gente corriendo a buscar vasos con agua.  

Asegurémonos que la otra persona sabe qué hacer, preguntándoselo directamente pero, sin pedirle que entre en detalles y dejemos que haga alarde de sus capacidades. Si el ataque no es excesivamente severo y la persona asmática mantiene el control y la consciencia, el control está en sus manos.  

Deja que sea quien padece asma quien decida y actúe

En resumen, en nuestro caso la primera respuesta es: “deja que sea quien padece asma quien decida y actúe”. Generalmente los asmáticos experimentados y autónomos tienen un plan de acción y éste puede –o no- incluir histamínicos e inhaladores. No debes conocer el plan de acción para ser testigo de él.

La mejor iniciativa es mantener la calma: siéntate a su lado, no de frente y guarda silencio hasta que la respiración comience a normalizarse. No hagas comentarios ni demasiadas preguntas. No ofrezcas ayuda médica si la coloración de los labios y de las manos es la correcta. Vigila cómo está respirando escuchando atentamente y mira los movimientos de la caja toráxica.  

En un ataque de asma la tos es especialmente incómoda y hasta dolorosa. Ahora, en plena pandemia de COVID-19, en el que muchas personas adscriben la tos a un síntoma de la infección por dicho virus, los asmáticos tienen que soportar actitudes del entorno que prácticamente los criminalizan como un atentado contra la salud pública. No es lógico relacionar la presencia de tos exclusivamente con la infección por coronavirus, ni siquiera en estos tiempos de pandemia. Antes de emitir un juicio porque alguien tose sin control, acordémonos de los asmáticos. 

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Higiene del sueño

Un buen día dices «basta» y te das cuenta que los encantos de la noche ya no son tales. Quieres cambiar tus hábitos y plantarle cara al insomnio. Reconocer que «no puedes seguir así» es el comienzo del cambio. Y la fuerza con la que digas «a partir de hoy, duermo de noche» será el combustible que alimente tu motivación.

A partir de esas ganas, estas son las claves generales que un plan de higiene del sueño debe considerar:

Ritual de la hora de acostarse. Comunícate con tu cuerpo a través del entorno, enciende unas pocas luces bajas y suaves que únicamente utilices cuando sea la hora de dormir. Apaga la música y deja que el mayor silencio y tranquilidad posible antecedan a tu descanso. Despeja la cama. Crea el ambiente necesario para que tu cuerpo entienda que debe relajarse y dormir.

Escoge tu hora de dormir. Procura irte a dormir siempre a la misma hora cada día. Especialmente durante el primer mes. Inclusive los días de fiesta y fines de semana. Comprométete con una rutina de higiene de sueño sin excepciones.

No móvil, no internet, no TV. Desconéctate del mundo externo unos 45 minutos antes de tu hora de acostarte. Ni «en silencio» ni «modo avión». Apaga y desconecta todo lo que pueda estimularte y espabilarte.

No practiques actividad física -ni siquiera yoga- de noche. Procura que las horas previas a irte a dormir no sean las de mayor actividad, sino que gradualmente aquieta el cuerpo a partir de la caída del sol. Ten en cuenta que hacer mucho ejercicio durante el día, más que garantizar un buen sueño, plantea un desafío a la hora de bajar el nivel de actividad. Los ejercicios de relajación nocturnos pueden tener un efecto paradójico y activarte cuando intentes conciliar el sueño.

No temas buscar un apoyo farmacológico al inicio. Nuestras expectativas de llegar a dormir sin ayudas, únicamente mediante productos “naturales” nos pueden cerrar una puerta inicialmente importante: la posibilidad de regular el sueño durante una semana o cinco días mediante benzodiazepinas. Si necesitas tomar Lorazepam inicialmente durante una semana, date el permiso de hacerlo. No acabarás en la adicción por una terapia farmacológica de cinco días.

No reprimas tus pensamientos. Cuando el pensamiento es el caballo más indomable del insomnio, una buena opción es ceder y dejarlo ser. No intentar controlarlo ni domarlo. Mientras más aceptación, menos conflicto. Puede que las preocupaciones, los miedos y las frustraciones cobren vida en el preciso instante en el que quieras desconectar, pero deja que así sea; que vengan, pasen y se sientan comprendidos.

Comer, beber o fumar. Los excitantes y las comidas pesadas o grasientas de digestión lenta, no son aliados del sueño reparador. Evita las frituras de noche, el tabaco, el alcohol y el café durante, al menos, las cuatro horas previas a irte a la cama.

Porro y paja. El consumo de cannabis para relajarse, antes de irse a dormir, puede repercutir muy negativamente en el contenido y la calidad del sueño. La actividad sexual, incluida la masturbatoria, cuando concluye en el orgasmo, puede actuar como un sedante natural pero no existen garantías de que facilite un buen sueño. Especialmente cuando la actividad sexual se prolongue en el tiempo, puede resultar negativa para alcanzar un estado de relajación a la hora señalada.

Evita las siestas y levántate a una misma hora. No se trata de ser un producto de relojería y quince minutos de haraganeo te están permitidos si dispones de ellos. Pero no duermas 12 horas de un tirón porque luego será difícil acostarse temprano al día siguiente. No se trata únicamente de regular tus ciclos de sueño sino también los de actividad.

Y, sobre todo, ten en cuenta que estas cosas toman tiempo. Las «cosas» del cuerpo no se consiguen siempre a la primera ni el cuerpo reacciona ni es lo que tú quieres que sea. Constancia y paciencia son dos buenas compañías para poder ver los logros la mañana siguiente. ¡Que descanses!

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Simulación, cuando la enfermedad se finge

Cuando la enfermedad es una simulación, lo real parece ser lo que menos importa. Al fingir una enfermedad o dolencia, el otro comunica sus necesidades a través del engaño

Es una escasez en la capacidad de negociación y/o comunicación de las necesidades, antes que una afrenta

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Onicofagia: comerse las uñas

Te llevas la mano a la boca sin darte cuenta y comienza el ritual: morder, cortar y comerse las uñas es algo que se hace sin pensar y allí radica la dificultad para dejarlo

La onicofagia, tal como se denomina al hábito de comerse las uñas, se torna involuntaria, repetitiva e irreflexiva una vez instaurada en el repertorio conductual.

No hay una explicación clara de por qué una persona se come las uñas y, sin embargo, sí se han encontrado componentes hereditarios de peso. El hábito puede normalizarse en algunas familias y exhibirse en hermanos y parientes cercanos.

La onicofagia a menudo está vinculada con otros comportamientos repetitivos centrados en el cuerpo. Es por eso que resulta interesante explorar en quien la padece su relación con el cuerpo a lo largo de los años.

En la consulta, conviene vincular la tensión de la mordida con el estrés y las emociones y buscar este patrón en otras manifestaciones. Así, comerse las uñas, los padrastros y cutículas, morderse los labios o la parte interna de las mejillas aparecen como comportamientos estrechamente vinculados.

No todas las personas que se comen con frecuencia las uñas presentan el mismo nivel de gravedad y afectación

Sin embargo, hay otras problemáticas de distinta índole que no conviene subordinar a la onicofagia, como la tricotilomanía -arrancarse el pelo-, la excoriación -rascarse o arrancarse la piel- o el bruxismo -rechinar los dientes al dormir-. Estos comportamientos pueden presentarse junto a la onicofagia sin que comerse las uñas sea el eje principal de la problemática.

Relacionar un hábito tan automático con las emociones puede resultar difícil, para dilucidarlo es útil descubrir y tomar consciencia de los elementos antecedentes que disparan el comportamiento.

Muchas veces, las situaciones de estrés cotidianas que requieren una buena dosis de atención, como la conducción o el estudio, son grandes detonadores. Sin embargo, el hábito también parece ser muy frecuente en los casos TDHA y en algunos casos de trastorno obsesivo-compulsivo. Ambos diagnósticos revisten una seriedad que merecen especial atención profesional.

Las consecuencias insospechadas

Es habitual que quien se coma las uñas no tenga consciencia de cómo repercute el hábito en su salud. Sin embargo, no todas las personas que se comen con frecuencia las uñas presentan el mismo nivel de gravedad y afectación, por lo que debemos ser capaces de medir el malestar que este comportamiento provoca en cada persona, en su salud y/o en su entorno.

También es importante conocer las soluciones intentadas, profundizando en los casos en los cuales se hayan tomado medidas infructuosas para cesar la conducta.

Otra variable a tener en cuenta son las consecuencias emocionales, sociales y laborales que genera la onicofagia en la vida del usuario. Especialmente en aquellos ámbitos profesionales en los que pese el componente estético y se den reacciones de firme rechazo e intolerancia hacia este comportamiento.

Por último, pero no menos importante, considerar el deterioro frecuente que presentan quienes se comen las uñas a nivel orgánico: paroniquia -infecciones alrededor de las uñas-, daños en el esmalte o en las piezas dentarias, dificultades para mantener la conducta bajo medidas higiénicas, etc. hacen que comerse las uñas pueda ser motivo de consulta psicológica.