Cuestionario de personalidad EPQ: más cerca del zodíaco que nunca

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Cuestionario de personalidad EPQ: más cerca del zodíaco que…

Las simplificaciones de la naturaleza y la diversidad humana nos resultan atractivas. Un ejemplo es cómo la variabilidad humana parece encajar en doce signos zodiacales. En psicología, los modelos de personalidad han cumplido una función similar, aunque con un enfoque más científico. En este contexto, analizaremos el modelo trifactorial de la personalidad conocido como modelo PEN -Psicoticismo, Extraversión y Neuroticismo-, desarrollado por Hans Eysenck

El modelo PEN concibe la personalidad como una estructura jerárquica, donde ciertos rasgos influyen en otros. La extraversión-introversión se vincula con la preferencia por la estimulación social y la impulsividad -orientación a la acción-. El neuroticismo se refiere a la reactividad emocional negativa e intensa. El psicoticismo, por su parte, está asociado con la insensibilidad emocional y la falta de empatía. Este modelo busca una explicación biológica de la personalidad, vinculando los rasgos con la actividad cerebral y los niveles hormonales. Estudios como el de Zuckerman (1991) han apoyado la idea de una base biológica para los rasgos de personalidad, destacando la influencia de la dopamina en la extraversión y la serotonina en el neuroticismo.  

Fallos del modelo 

A pesar de su influencia, el modelo PEN ha sido criticado por su enfoque descontextualizado. Según Domingo Curto (2009), este modelo ignora en gran medida el razonamiento subjetivo del individuo y se enfoca en describir comportamientos potenciales desde una perspectiva normativa. Al asumir que la personalidad es estable y biológicamente determinada, minimiza la influencia del entorno social y cultural. Además, el cuestionario EPQ –Eysenck Personality Questionnaire-, utilizado como herramienta de evaluación, se aplica en entornos controlados de laboratorio, lo que reduce su validez ecológica. Investigaciones como la de Mischel (1968) han demostrado que el comportamiento varía considerablemente según el contexto social, lo que pone en duda la rigidez de los rasgos estables propuestos por Eysenck.  

Es necesario analizar el peso de los factores del contexto que son pertinentes en la modulación del pensamiento y del comportamiento, evitando creer que la personalidad existe “en el vacío”

Cuestionario de personalidad según el modelo PEN

En el análisis de la personalidad, el Cuestionario de Personalidad de Eysenck (EPQ), diseñado en el marco del modelo PEN se presenta como una herramienta evaluativa eficaz dentro de un paradigma positivista del conocimiento. Este enfoque, alineado con la tradición experimental, prioriza condiciones materiales, formales y ambientales controladas en entornos de laboratorio, en detrimento de contextos ecológicamente válidos que reflejen la complejidad de la vida real. Sin embargo, esta perspectiva asume el laboratorio como un entorno aséptico y neutral, ignorando su potencial efecto inhibitorio sobre el comportamiento humano (Bronfenbrenner, 1979; Gibson, 1979). Como señaló Bronfenbrenner, el comportamiento humano es producto de la interacción entre el individuo y su entorno social, lo que los entornos de laboratorio no pueden replicar fielmente.

El modelo PEN, y por extensión el EPQ, están impregnados de un cartesianismo que enfatiza un racionalismo internalista e individualista, centrado en la mente como entidad aislada. Este enfoque, aunque útil para estandarizar mediciones, ha sido criticado por su falta de consideración hacia las dimensiones relacionales y sociales de la personalidad. Como señala Kenneth Gergen (1991), la personalidad no puede reducirse a respuestas verbales individuales, ya que se construye en la interacción con otros y en contextos específicos. El hecho de que el EPQ se base exclusivamente en respuestas verbales autoadministradas, sin requerir ninguna forma de interacción o vinculación con otros seres humanos, refleja una limitación significativa en su capacidad para capturar la naturaleza dinámica y relacional de la personalidad (Markus & Kitayama, 1991). 

De la personalidad al ser social y contextualizado