Anatomía de una clase virtual de calidad

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Anatomía de una clase virtual de calidad

El acceso de un grupo de alumnos a la virtualidad no representa una cesión de la actividad docente en favor de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC). Por el contrario, la intervención docente mantiene su función en el proceso interpsicológico con independencia del medio y el contenido

Estudiar frente a la pantalla es un reto tanto para nuestros hijos como para los docentes. La utilización de las TIC como «instrumento psicológico» ha de vencer el consumo superficial, acrítico e irrelevante de la información al que estamos acostumbrados. Para ello es necesario que se produzca un aprendizaje significativo que favorezca la integración de los procesos intermentales e intramentales implicados en el aprendizaje. ¿Qué significa esto? 

La participación guiada «en línea» requiere una laboriosa planificación

Inicialmente la comprensión de la experiencia debe provenir necesariamente del docente o tutor que plantea la actividad. Una vez que el proceso intermental aporta información suficiente al alumno, corroboramos que la misma ha sido interpretada e incorporada sin contradicciones. Para que perdure, la interpretación del estudiante no se hace «en el vacío», sino que se conecta a un conocimiento previo. Este punto intramental genera en el alumno un conflicto en estructuras previas y el nuevo orden estructural, un nuevo conocimiento significativo. Esta visión del proceso de aprendizaje a distancia no plantea variaciones respecto al presencial. 

Sin embargo, la construcción progresiva de un sistema de significados compartidos ha de tener en cuenta el carácter complejo, problemático y no lineal de la construcción del conocimiento. De ahí la trascendencia de un proceso de participación guiada flexible que busque un fin útil, asequible y constructivo para cada estudiante. La participación guiada «en línea» requiere una laboriosa planificación para ser llevada a cabo con éxito. Esta planificación se ha de hacer siguiendo una secuencia didáctica que se estructura como un guion, de acuerdo a los objetivos planteados. 

El guion pedagógico 

El guion pedagógico estructura la construcción de significados y le otorga sentido a la experiencia, orientándola hacia un objetivo curricular. La «secuencia didáctica» ha de guiar el proceso en interacciones y en una co-construcción de significados que sirvan a los objetivos de la actividad. Si estos quedan claros, la cesión y el traspaso progresivo del control y la responsabilidad en el aprendizaje permitirán un flujo duradero y significativo del conocimiento.  

Para ello, antes, durante y después de la intervención, se han de señalar los objetivos de la actividad y adscribirla a los objetivos curriculares, aportándole dirección y sentido. Las metas concretas presentes de cada actividad no resultarán suficientes si no se integran en un «qué, cuándo, cómo y para qué». Es por ello que la secuencia didáctica debe estar diseñada acorde a los objetivos y al grupo. 

Síntesis grupal y controversia conceptual 

Como vemos, el trabajo docente no debe menguar ante la presencia de las TICs. Resulta crucial su implicación para, por medio de sus intervenciones, regular el comportamiento y la construcción del conocimiento de los alumnos. Tutelando el aprendizaje cooperativo y colaborativo entre iguales, las TICs permiten formar grupos pequeños de trabajo para cada actividad, inicialmente autónomos y de control y apoyo mutuo. 

El trabajo en pequeños grupos se plasma, a posteriori, en actividades de síntesis individuales que verbalicen un punto de vista propio y sirvan para constatar el aprendizaje autoregulado alcanzado. Gracias a este resultado, el tutor o profesor detecta y trata de solventar las necesidades individuales o grupales.  

Posteriormente, en el aula, deben volcarse en una revisión conjunta de esquemas con toda la clase, provocando controversias conceptuales que permitan una resolución óptima. De tal forma que, con la puesta en común entre todos, la intersubjetividad de lugar a modificaciones sobre la propia experiencia para así enriquecer y consolidar el conocimiento. La atribución de sentido está relacionada con el nivel de desarrollo alcanzado por el alumno y con la conciencia de sus propias habilidades y competencias. 

Metas y recompensas «virtuales» 

Hay que tener en cuenta que las actividades pondrán a prueba las habilidades y capacidades de los alumnos y que el agobio, el aburrimiento o el desinterés pueden aparecer en cualquier actividad de cualquier índole. Para combatirlos, es necesario cuidar el «motor» de la motivación, plantear las metas y recompensas buscadas e intentar abrazar los distintos estilos atribucionales para que los fallos y fracasos sean percibidos como posibilidades. Especialmente a temprana edad, las recompensas preservan en todo momento el espíritu lúdico de cada actividad.  

Para que las TICs no eclipsen al profesorado, las actividades han de seguir estructurándose a través de unas normas organizativas, participativas y actitudinales dentro de las cuales el dinamismo y la flexibilidad de la actividad no se vean desfavorecidos.  
La situación actual también puede ser útil para el docente, quien puede encontrar en las TICs no ya a un competidor, sino a un aliado que no ensombrece su dominio, sino que lo favorece e ilumina. 

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