Mami, ¡no te vayas!

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Mami, ¡no te vayas!

Madres y padres buscan información sobre el trastorno de ansiedad por separación con la mejor voluntad pero, antes de ponerle un nombre a lo que pasa en casa, les invitamos a recorrer este artículo

«Mami, no te vayas» nos suplica repetidamente en cada estancia de la casa. La culpa y la preocupación nos atacan por igual. «Hace más de un mes que no se lo puede dejar solo, tiene mucho miedo a ser abandonado y llegó a tener pesadillas sobre ello. Ya van dos veces que llora esta semana porque piensa que nos podemos llegar a morir». 

¿Tu hijo tiene miedo a perderse, a salir de casa, a que «pase algo»? ¿Le duele la barriga o la cabeza cuando el malestar lo acecha? La mirada del pequeño sobre el borde de la mesa parecía buscar en su mamá la respuesta a cada pregunta.   

Más allá del «qué le pasa»: ¿qué nos pasa? 

«¿Qué le ocurre? ¿Es un trastorno de ansiedad por separación? ¿Está mi hijo psicológicamente bien?». 

Lo primero que podemos hacer es comprender que no es posible diagnosticar a nuestro propio hijo según la información que vamos encontrando vía Internet.  

Aun cuando reconozcamos todos los ítems que definen un trastorno de ansiedad por separación en nuestro hijo, no nos corresponde a nosotros hacer de psicólogos. Diagnosticar a un/a hijo/a no es parte de nuestro rol como padres, hay especialistas para eso.   

Volvamos a nosotros mismos. ¿Estamos patologizando un comportamiento frecuente en los niños? ¿Cómo estamos llevando nuestra culpa y nuestra preocupación por sus reacciones? ¿Qué respuestas surgen de lo que pensamos? ¿Qué le transmitimos? 

Una buena forma de incidir sobre el malestar que enseñen nuestros hijos es observar nuestra respuesta hacia ellos. Analicemos no sólo su reacción, sino también la nuestra.  

«Mami, no te vayas». A pesar de que cada mañana vivamos esta experiencia incómoda durante semanas, si nuestra/o hija/o sigue teniendo un comportamiento y rendimiento normal en el resto de ámbitos -educativo, lúdico, familiar-, entonces no podemos hablar de trastorno.  

Apego y equilibro entre la accesibilidad y las demandas 

Este trastorno de ansiedad por separación es uno de los trastornos más frecuentemente diagnosticado en menores de 12 años, pero, ¿se justifica que esto sea así?  

Nuestros valores sociales parecen exigirles a los niños una solvencia en el comportamiento que ni aún en los mejores casos de apego seguro podrían ofrecer. No toda ansiedad surgida de una separación de nuestros hijos es un trastorno de ansiedad por separación.  

Si patologizamos cada manifestación emocional exacerbada de nuestros hijos, entonces nos costará mucho poder ser sensibles y accesibles a sus demandas. Y esta accesibilidad es básica para crear un apego sano y una buena vinculación.  

Dentro de un espacio terapéutico guiado, caracterizar el estilo de apego que hemos construido en casa puede sernos de utilidad. La Teoría del Apego de John Bowlby nos puede servir de marco teórico.  

La seguridad emocional se construye día a día, en ese difícil equilibro entre las demandas y necesidades de nuestros hijos y nuestra accesibilidad a las mismas.  

Técnicas de intervención para casos diagnosticados 

Ofrecemos, con fines didácticos, dos pinceladas sobre cómo intervenir en los casos de trastorno de ansiedad por separación en niños.  

Una buena técnica que puede servir de punto de partida es el entrenamiento de padres a través de pautas de intervención. El objetivo es desplegar recursos que permitan a los padres educar rechazando la sobreprotección y fomentando la autonomía personal de los peques. Para esto último, utilizar psicocuentos puede resultar muy didáctico y psicopedagógico. 

Si patologizamos cada manifestación emocional exacerbada de nuestros hijos, entonces nos costará mucho poder ser sensibles y accesibles a sus demandas

La externalización en los niños puede permitirles tener más consciencia de sus vivencias y poder desarrollar estrategias para contrarrestarlas. Se trata de darle entidad al miedo, llamándolo, por ejemplo, «mamitis». El trabajo conjunto con los peques nos permite reconocer qué es lo que nos hace hacer la mamitis y cómo nos impide dormir tranquilos y despedirnos sin asomo de angustia. No enseña cómo podemos pillarla y qué trampas le podemos hacer nosotros. Nuestro objetivo es aprender a convivir mejor con la mamitis.

En definitiva, desarrollar distintas estrategias para afrontar el fenómeno terapéuticamente y pedagógicamente aprendiendo de él. Por más excesivo e inapropiado que encontremos el «Mami, no te vayas» de nuestros hijos, despleguemos los recursos en nosotros mismos y ellos para alcanzar disminuir el malestar generado por la separación. 

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