“El nuevo amigo de mi hija tiene esquizofrenia”

Familia

“El nuevo amigo de mi hija tiene esquizofrenia”

“Hoy mi hija me comentó que su nuevo mejor amigo está siendo muy controlado por sus padres. No le dejan salir solo. Indagando en el tema, me confesó que tiene esquizofrenia y se había fugado de su casa en múltiples ocasiones. ¿Qué le digo a mi hija? ¿Qué hago? ¡Estoy en shock!”

Los trastornos mentales forman parte de la realidad del estado de salud de una población, son parte de nuestra comunidad, están entre nosotros y, en algún momento, podemos llegar a padecerlos. Por ello, debemos dejar en claro que haber recibido un diagnóstico mental desfavorable no nos transforma en personas peligrosas para nuestra comunidad. Buena parte de los individuos que tiene un trastorno mental no representa un peligro para los otros ni para sí mismos.

“Los padres de Alberto me explicaron que tiene esquizofrenia”

Claro que teorizar sobre los peligros no es igual a exponerse a ellos y, cuando quienes se exponen son nuestros hijos, se pueden encender todas las alarmas y la percepción de la situación cambia.

Naturalmente el desconocimiento de lo que le ocurre al “nuevo amigo/a” de nuestra/o hija/o nos hace temer por su integridad y su seguridad.

No es una situación fácil, porque si sólo sabemos de este trastorno por lo que nuestra/o hija/o nos cuenta, comunicarse directamente con los padres e interpelarlos sobre la salud mental de sus hijos puede considerarse un acto muy hostil. Por otro lado, prohibirle a nuestros hijos ir con algunas personas, además de ser una opción respetable, puede que no sirva de mucho. O, aún peor, puede incentivarle a buscar esa compañía con más insistencia, especialmente cuando nuestra/o hija/o haya hecho esa elección y sea adolescente.

¿Qué hacer con nuestro miedos?

Comprender es que si el peligro es que nuestra/o hija/o padezca un daño emocional, físico o psicológico por parte de terceros, esa posibilidad existe y puede provenir de una persona que tenga un trastorno o que no lo tenga. Y no necesariamente es más probable que ocurra en manos de una persona que lo padece. Buscar información sobre el trastorno por nuestra cuenta, especialmente cuando la información proviene de fuentes de calidad, puede mitigar nuestros miedos.

Los roles adquiridos

Habitualmente, cuando hablamos de adolescentes, nos referimos a personas que tienen una cierta solvencia en su capacidad de elección. Si lo que nos preocupa es que nuestra/o hija/o haya escogido a esa persona como amigo/a, acompañante o compañera/o, es importante entender que elegir a una persona con un problema de salud mental no implica padecerlo o tener un problema. Una persona muy sana y feliz puede escoger como amigo a alguien que no lo sea.

Más que velar por el comportamiento de la persona que padece un trastorno, es más significativo el comportamiento de nuestra/o hija/o. Sobre todo, conocer el rol que asume en esa relación. Muchas veces los adolescentes interpretan distintos papeles mediante los cuales exploran y experimentan lo que es la salud mental y la enfermedad. Pueden escoger tener un rol de enfermero, de canguro, de consejero o de hermana/o mayor para con el otro.

Lo trascendente es que nuestra/o hija/o no está adquiriendo el rol de esa persona, sino que interpreta otro distinto, uno que la/o complementa quizás. Esa complementariedad generalmente corre en dos vías, mi hija/o está complementando a esa persona y esa persona también está aportando algo válido a mi hija/o.

Situaciones de igualdad y superación

La situación no sólo aporta un conocimiento sobre lo que se puede hacer por el otro, sino sobre las limitaciones que se encuentran al intentarlo en condiciones de igualdad. También ellos pueden encontrar en una persona con un trastorno mental todos aquellos puntos en común que hacen del otro un semejante más allá de su problemática, y aprender la valiosa lección de que todos somos mucho más que un diagnóstico.

Requiere valentía pero puede ser conveniente no aislar a nuestros hijos del amplio abanico de situaciones que tenemos en salud mental, porque nuestros hijos van a insertarse en un mundo donde existe la esquizofrenia, la depresión, los trastornos de ansiedad y de alimentación… El desconocimiento absoluto experimental y testimonial de estas problemáticas no le va a aportar nada, más bien le impedirá desarrollar herramientas que pueden llegar a ser útiles y necesarias para su propia vida.

Que nuestros hijos hayan escogido una persona con un trastorno plantea un reto pero, cuando no representa un peligro para ellos, puede ser una oportunidad de crecimiento.

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