Ese abuso sexual silenciado

Sexualidad

Ese abuso sexual silenciado

Aun cuando alcance la erección, la penetración -oral, vaginal o anal- y la eyaculación, un hombre puede estar siendo sometido a un abuso sexual. Aunque inconcebible para nuestros estándares sociales e invisibilizado, algunas claves nos permiten identificar cuando los hombres están siendo sometidos sexualmente a un abuso.    

Que un hombre tenga una erección, penetre y eyacule no implica que no está siendo sometido a un abuso sexual. Sin embargo, concebir el abuso de este modo desafía nuestras creencias más arraigadas sobre el poder masculino y la dominación del género.  

El mito de Príapo: el monstruo sexual eternamente excitado

Los hombres pueden tener una erección aun ante una ausencia total de deseo. La erección puede ser una respuesta exclusivamente fisiológica a una estimulación. Por ello, una erección no es una autorización para acceder sexualmente a un hombre. Sin embargo, culturalmente estamos más influenciados por el mito de Príapo, que iguala una erección a la fertilidad, al poder y a un deseo inagotable, que a la realidad anteriormente descrita. 

Suponer que un hombre tiene, como mínimo, un deseo encubierto cuando inicia la penetración, ha sido un obstáculo para plantear el abuso sexual al que son sometidos los hombres. Aun cuando su “no” no es respetado, dado que tienen una erección, penetran y –hasta- eyaculan pareciera que ““su cuerpo”” sí desea la relación. Cómo si el cuerpo y la mente que dice “no” no estuvieran integrados. Debemos desmentir este extremo junto con la creencia de que el supuesto placer que le aporta la eyaculación transforma un abuso en una confirmación de que existía un deseo previo. 

En realidad, el placer es una variable independiente de esta situación. Que una víctima de abuso sexual sienta placer, no significa que no esté siendo abusada. El placer percibido por la víctima no es un atenuante de la violencia perpetuada contra alguien. 

Entendiendo el abuso más allá de la eyaculación

El inconveniente que muchos hombres tienen es que su “hombría” no les permite decir “no”, que una erección en nuestra cultura signifique “quiero hacerlo” con independencia de lo que haya verbalizado previamente y que los hombres para ser tales “tienen que cumplir”.  

Tener sexo sin desearlo puede ser una situación relativamente común para muchos hombres, al punto que terminan normalizando una situación abusiva.  

Aquí hay algunas pistas de qué alarmas, más allá de la erección, la penetración y el orgasmo, nos pueden indicar que estamos siendo abusados sexualmente. 

No hay deseo. El deseo sexual hipoactivo es esa falta de ganas, de interés por mantener una relación sexual con esa persona. El desinterés muchas veces se expresa tímidamente con un “hoy no me apetece”, pero una persona que abusa de un hombre, buscará la erección -a través de una felación, por ejemplo- mostrando indiferencia hacia las manifestaciones verbales que contradigan su intención. 

No tomar la iniciativa de comenzar una interacción sexual. El mito del hombre hipersexualidado afirma que si un hombre nunca toma la iniciativa, muchas veces es por timidez o por miedo. En realidad, si él nunca inicia la relación sexual puede ser por la simple razón de que no la está buscando o no la quiere. 

La insistencia es amiga del rechazo. Tratar de provocar sexualmente a un hombre con insistencia, intentando buscar la penetración puede llegar a ser muy poco respetuoso. Es más, es una forma de acoso. Mientras más insistente y sostenido sea ese acoso, más probabilidades tenemos de que estemos vulnerando la integridad de esa persona.    

Adscribirle un deseo al otro que manifiestamente carece. Mensajes como: “venga que, en realidad, te mueres de ganas”, “sé que lo disfrutas”, son formas de manipular al otro, intentando contradecirlo o confundirlo. Este tipo de reacciones pueden minar moralmente a un ser humano y hacer indistinguible la situación de acoso a la que se siente sometido.  

Verbalizar exigencias sobre cómo lo está haciendo. Un “a ver si te esmeras un poco”, o “échale pasión/huevos”, pueden realmente desarmar al otro. Verse durante largo tiempo sometido a una carrera de pruebas y posturas, exigencias y reclamos a la hora del sexo, puede provocar un profundo daño psicológico.  

Someter al otro a una evaluación. una vez finalizada la relación sexual, un “hoy has estado flojo” al terminar, somete la relación sexual a una evaluación que puede denigrar una situación de abuso ya de por sí insostenible. Muchas veces felicitar o recriminar al otro cómo lo ha hecho es una forma de presionarlo a que, aun cuando no tenga deseo, lo simule, alejándolo de su propia verdad.   

Utilizar el placer del orgasmo como factor que desmiente el abuso. “Al final te ha gustado, ¿eh?”. Alcanzar el orgasmo no justifica haber iniciado una relación sin contar con el otro. No importa cuánto placer haya obtenido. 

El “no es no” es un reclamo válido con independencia del género. España es un país en el que la violencia doméstica es aquella que sólo se concibe cuando proviene de un hombre hacia una mujer y el maltrato exige que la pareja conviva bajo un mismo techo. Sin embargo, hay un abuso sexual silenciado en nuestras parejas, en los medios y en nuestras leyes. Incontables hombres son abusados sexualmente sin ser capaces ni siquiera de darse cuenta de ello. 

Sus parejas, sean hombres o mujeres, abusan buscando la erección, la penetración -oral, vaginal y/o anal- y el orgasmo de sus víctimas. Sometiendo impunemente a un hombre a ese otro abuso sexual tan silenciado que pareciera ni existir siquiera. 

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