Ese abuso sexual silenciado

Sexualidad

Ese abuso sexual silenciado

Aun cuando alcance la erección, la penetración -oral, vaginal o anal- y la eyaculación, un hombre puede estar siendo sometido a un abuso sexual. Aunque inconcebible para nuestros estándares sociales e invisibilizado, algunas claves nos permiten identificar cuándo los hombres están siendo sometidos sexualmente a un abuso

Que un hombre tenga una erección, penetre y eyacule no implica que no está siendo sometido a un abuso sexual. Sin embargo, concebir el abuso de este modo desafía nuestras creencias más arraigadas sobre el poder masculino y la dominación del género.

El mito de Príapo: el monstruo sexual eternamente excitado

Los hombres pueden tener una erección aun ante una ausencia total de deseo. La erección puede ser una respuesta exclusivamente fisiológica a una estimulación, tal como ha explicado el psiquiatra Martin Kafka, especialista en sexualidad masculina. Por ello, una erección no es una autorización para acceder sexualmente a un hombre.

Suponer que un hombre tiene, como mínimo, un deseo encubierto cuando inicia la penetración ha sido un obstáculo para plantear el abuso sexual al que son sometidos los hombres. Como señala la psiquiatra Judith Herman, el cuerpo puede reaccionar de forma automática incluso en situaciones traumáticas, y esas respuestas no deben confundirse con consentimiento.

Debemos desmentir este extremo junto con la creencia de que el supuesto placer que le aporta la eyaculación transforma un abuso en una confirmación de que existía un deseo previo. El cuerpo puede experimentar sensaciones placenteras incluso en contextos de coerción, sin que ello invalide la vivencia de abuso.

Entendiendo el abuso más allá de la eyaculación

El inconveniente que muchos hombres tienen es que su “hombría” no les permite decir “no”. La socióloga Raewyn Connell, creadora del concepto de masculinidad hegemónica, ha mostrado cómo los mandatos culturales empujan a los hombres a “cumplir” sexualmente incluso cuando no lo desean.

Tener sexo sin desearlo puede ser una situación relativamente común para muchos hombres, al punto que terminan normalizando una situación abusiva. El psicólogo David Lisak ha documentado cómo muchos hombres no identifican experiencias coercitivas como abuso debido a estas presiones culturales.

Señales de alarma

Aquí hay algunas pistas de qué alarmas nos pueden indicar que estamos siendo abusados sexualmente. 

No hay deseo. El desinterés puede expresarse tímidamente con un “hoy no me apetece”, pero una persona que abusa buscará la erección ignorando las señales verbales. La educadora sexual Emily Nagoski explica que la excitación genital no siempre coincide con el deseo, lo que hace aún más fácil manipular esta confusión.

No tomar la iniciativa de comenzar una interacción sexual. El mito del hombre hipersexualizado afirma que si un hombre nunca toma la iniciativa, muchas veces es por timidez o por miedo. En realidad, si él no inicia la relación sexual puede ser por la simple razón de que no la está buscando o no la quiere.

La insistencia es amiga del rechazo. Tratar de provocar sexualmente a un hombre con insistencia, intentando buscar la penetración puede llegar a ser muy poco respetuoso. Es más, es una forma de acoso. Mientras más insistente y sostenido sea ese acoso, más evidente es que estemas vulnerando la integridad de esa persona.    

Adscribirle un deseo al otro que manifiestamente carece. Mensajes como: “venga que, en realidad, te mueres de ganas”, “sé que lo disfrutas”, pueden ser formas de manipular al otro, intentando contradecirlo o confundirlo. Este tipo de reacciones pueden minar moralmente a un ser humano y hacer indistinguible la situación de acoso a la que se siente sometido.

Verbalizar exigencias sobre cómo lo está haciendo. Un “a ver si te esmeras un poco”, o “échale pasión/huevos”, pueden realmente desarmar psicológicamente al otro. Verse durante largo tiempo sometido a una carrera de pruebas y posturas, exigencias y reclamos a la hora del sexo, puede provocar un profundo daño psicológico.

Someter al otro a una evaluación. Una vez finalizada la relación sexual, un “hoy has estado flojo”, somete la relación sexual a una evaluación que puede denigrar aún más una situación de abuso ya de por sí insostenible. Muchas veces felicitar o recriminar al otro cómo lo ha hecho es una forma de presionarlo a que, aun cuando no tenga deseo, lo simule, alejándolo de su propia verdad.   

Utilizar el placer del orgasmo como factor que desmiente el abuso. “Al final te ha gustado, ¿eh?”. Alcanzar el orgasmo no justifica haber iniciado una relación sin contar con el otro. No importa cuánto placer haya obtenido. 

El “no es no” con independencia del género

España es un país en el que la violencia doméstica es aquella que sólo se concibe cuando proviene de un hombre hacia una mujer, y el maltrato a los hombres exige que la pareja conviva bajo un mismo techo. Sin embargo, hay un abuso sexual silenciado en nuestras parejas, en los medios y en nuestras leyes. Incontables hombres son abusados sexualmente sin ser capaces ni siquiera de darse cuenta de ello.

Sus parejas -sean hombres o mujeres- abusan buscando la erección, la penetración (oral, vaginal y/o anal) y el orgasmo de sus víctimas, sometiendo impunemente a un hombre a ese otro abuso sexual tan csilenciado que pareciera ni existir siquiera.

Como ha señalado el psicólogo Christopher Kilmartin, los estereotipos de género dificultan que los hombres reconozcan o denuncien estas situaciones.