Cómo cocer una rana

Mente

Cómo cocer una rana

En psicología, aprendemos que la forma en la que narramos los eventos nos permite iluminarlos con nuestra comprensión, hacerlos entendibles. Gracias a nuestra capacidad narrativa, dotamos de sentido a la experiencia. 

En los casos de maltrato en los que la violencia ha intentado silenciar, coaccionar o distorsionar la percepción y narración de los hechos, las víctimas encuentran especialmente difícil moldear con palabras y comprensión su vivencia.  Dotarse de una voz propia es un paso esencial para romper la cadena de sometimiento y violencia que las inmoviliza. 

Cuando una víctima de maltrato habla de su experiencia, la primera impresión del entorno amigable suele ser de sorpresa y alarma. Al no tener consciencia plena de los hechos acontecidos les cuesta comprender cómo pudo haber ocurrido semejante abuso a un ser querido. 

Generalmente se cree que el maltrato afecta a personas débiles y con poco carácter, pero eso no tiene por qué ser así.  

Para entender cómo funciona el maltrato podemos utilizar una buena metáfora. Las metáforas, aunque difieren radicalmente de la situación a la que hacen referencia, nos permiten comprender con efectividad el funcionamiento de lo referenciado. 

 La metáfora de cómo cocer una rana

Para representar cómo actúa un maltratador, tenemos la buena metáfora de cómo cocer una rana.  

Si queremos cocer una rana viva en agua hirviendo, es evidente de arrojar el batracio a una olla con agua a 100°C nos condenará al fracaso. La rana saltará fuera de la olla y se escapará. 

En cambio, si sumergimos a la rana en agua fresca y, gradualmente, minuto a minuto, vamos elevando la temperatura, conseguiremos cocerla sin que salte de la olla abierta. Así es cómo actúan los maltratadores. La situación inicial suele ser cómoda para las víctimas, mientras que la final es absolutamente destructiva y nunca se hubiera aceptado de buenas a primeras.  

La gradualidad –junto con las emociones que sostiene la víctima por el maltratador o por una situación en particular- forman el caldo perfecto.  

Un mañana menos asfixiante es posible

La gradualidad –junto con las emociones que sostiene la víctima por el maltratador o por una situación en particular- forman el caldo perfecto.

Podemos imaginarnos que cualquier rana que nota cómo sube la temperatura, piensa «que no pasará de allí», que «todo es cuestión de aguantar», que «el minuto siguiente comenzará a bajar la temperatura» o que al final el maltratador interrumpirá la cocción.  Y es que el papel de las expectativas en las dinámicas de maltrato es crucial, como ya lo adelantamos en el artículo «Violencia y maltrato en las parejas LGTB+». 

Entender la vivencia de maltrato y tener el apoyo del entorno social y/o familiar es crucial para poder recuperarse del mismo.  

Aun cuando salimos escaldados de las manos del maltrato, habitualmente habrá mucho trabajo personal por hacer antes de poder pasar página. El proceso de cicatrización dependerá de la gravedad de las heridas, pero es posible salir adelante. Esta afirmación tiene sentido cuando evaluamos la inmensa fuerza que supone sobrevivir a una experiencia de esta naturaleza.  

 El potencial constructivo está en cada víctima: recuperando la propia voz, iniciando su narración, aportando sentido a su vivencia dolorosa, poniendo punto final a la situación de maltrato e iniciando el arduo camino de la recuperación. Un mañana menos asfixiante es posible.  

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