Los niños que no querían crecer

Familia

Los niños que no querían crecer

Las resistencias a crecer muchas veces se relacionan con la imagen de le aportamos a nuestros hijos de la propia niñez y del mundo adulto

La pubertad nos indica que la niñez termina, sin embargo, el final es gradual e implica enormes cambios psicológicos y físicos. Más allá de lo visible, la identidad del niño cambia y ya no quiere ser considerado como tal.

Las identidades personales son esas máscaras con las que cubrimos la heterogénea complejidad que somos.

El inconveniente surge cuando la máscara resulta sofocante y dificulta sencillamente ser.

Tendemos a considerar la niñez como un momento de inocencia, de pureza; mientras que la adolescencia es un momento de marcadas carencias. En realidad, ambas visiones carecen de fundamento y pueden sofocar al desarrollo de nuestros hijos.

Desde que Freud vinculara niñez a sexualidad, ha quedado muy en claro que esa visión angelical, inmaculada y pura de los niños carecía de fundamento. Las distintas etapas del bebé y del niño cimientan las bases de lo que es el adulto, inclusive sexualmente hablando.

Por ello, mantener una visión inflexible y estereotipada de cómo debe ser cada etapa puede tener consecuencias negativas. Los mitos que sostenemos sobre la niñez y la adolescencia, cuando impuestos, generan una respuesta en nuestros hijos y ellos, muchas veces, se esfuerzan por cumplir nuestras expectativas.

El desarrollo de todo aquello que no puede caber en la interpretación, entonces, se hace a escondidas, incluida la sexualidad.

A medida que avanzan en edad, si el sistema familiar continúa exigiendo una interpretación, la adolescencia será el momento de la rebelión y el adulto que hay en ellos los impulsará a acabar con la farsa. Este será, en el mejor de los casos, un escenario que delate el fin de la niñez.

Condenado a ser el bebé de la casa

Pero, ¿qué pasa cuando hijos coinciden con el mandato familiar y no quieren dejar de ser niños?

Señalarles también los pros de ser adultos y motivarlos a alcanzar, cada vez, más autonomía

Muchos ejemplos señalan estas actitudes, a veces nos topamos con niños que no caben en los carritos de bebés por su enorme tamaño o con otros que, aún comenzando la primaria, reciben lactancia materna. Esas actitudes en sí pueden ser circunstanciales o síntomatícas de un cuadro más complejo: tú no quieres que crezca y tu niña/o no quiere crecer. Pero ¿qué significa crecer?

Muchos padres trasmiten a sus hijos de forma constante que, cuando sean adultos, tendrán que sobrevivir solos y enfrentarse a duras responsabilidades sin tregua. Una visión amenazante de lo que es ser adulto puede coincidir -e ir mano a mano- con una visión idílica de lo que es ser niño.

Cuando llegan a ser adolescentes, estos pueden ser los hijos que no quieren crecer, que exigen estar siempre acompañados y que tienen dificultades para vincularse sólidamente fuera del marco familiar. Dan mil y un indicios de que el paso inexorable del tiempo va a representar enormes dificultades. Esto es así porque las murallas de contención del “bebé de la casa” no resistirán al paso del tiempo, están destinadas a caer. Ese punto de partida invalida enormemente el comienzo de la adultez.

Como padres, conviene cuidar qué visión de niñez y de adolescencia estamos instaurando en nuestro hogar, procurando que nuestros hijos siempre tengan espacio para ser en tiempo presente y para crecer. Aún cuando sepamos que el mundo adulto es difícil, señalarles también los pros de formar parte de él y motivarlos a alcanzar, cada vez, más autonomía.

El mundo es un lugar mucho más duro cuando crees ser un angelito o una princesa incapaz de sobrevivir sola.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Abrir chat
Hola. Escribe tu consulta para que te responda un psicoterapeuta de HoyPsicologo.es